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LA CIUDAD ESCULPIDA: PETRA
Los nabateos,
una tribu de pastores nómadas procedentes del Norte de Arabia fueron los
encargados de construir entorno a los siglos IV a.C.-I d.C. la inexpugnable
Petra. Ubicada en el desierto jordano y rodeada por un anillo montañoso
elevaron esta ciudad de arenisca creando un estilo arquitectónico propio
influenciado por el arte egipcio, griego y romano.
Su acceso es complicado, ha de
realizarse exclusivamente a pie o a lomos de una montura ya que el tortuoso
camino que parte desde la aldea de Elji, en el Valle de Moisés, se convierte en
un estrecho desfiladero serpenteante y oscuro de 1,5 Km de longitud
–reduciéndose en algunos tramos a un escaso metro de anchura-.
Una vez sorteado el siq –término con el que los beduinos denominan al angosto pasadizo-
la claridad retorna a nuestra vista, encontrándonos con una pared rojiza
labrada con elementos arquitectónicos griegos conocida como el Jazna.
Pero ¿qué es realmente el Jazna? Se barajan diversas hipótesis:
por un lado se cree que pudiera ser un Tesoro,
esta idea parte de una leyenda que afirmaba que en el interior de la
urna situada en el segundo cuerpo se encontraba el tesoro de un faraón. Éste
hecho ha traído nefastas consecuencias al edificio ya que los beduinos arremetían
contra ella descargando sus fusiles. La función funeraria tampoco se descarta
debido a las numerosas tumbas encontradas en Petra: desde la Urna Real, pasando
por los enterramientos públicos en las cámaras de las paredes e incluso los
pozos donde se enterraban vivos a los criminales. Hoy en día los expertos se
decantan porque el destino del monumento fuera litúrgico, pudiendo ser un
templo dedicado al culto a Dusares,
divinidad principal de los nabateos.
En el año 106 d.C. la ciudad fue conquistada
por los romanos, dotándola de construcciones e infraestructuras propias, tales
como un teatro, un ninfeo o un mercado. Partía del centro de la ciudad una
columnata central que dirigía al ciudadano hacia el santuario del dios Dusares, a su derecha se encuentra un
mausoleo y en el lugar más inaccesible el monasterio, curiosamente también
coronado por una misteriosa urna.
Petra caerá en manos del Imperio bizantino en
el siglo IV y tres siglos después pasará a formar parte del dominio musulmán
perdiéndose en el olvido para muchos y corriendo en boca de otros como una
ciudad mítica. Será en 1812 cuando el
explorador J.L. Burckhardt haciéndose pasar por un comerciante musulmán
contemple con sus propios ojos esta ciudad perdida.
Por,
Elena Orión
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