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Inicio - Literatura - Irene Zoe Alameda
IRENE ZOE ALAMEDA
Nació en Madrid en 1974. Se licenció en Filología Hispánica en la Universidad Complutense, y prosiguió sus estudios en Alemania y Estados Unidos, donde se doctoró en Literatura Comparada por la Universidad de Columbia con el máximo grado de Distinction con la tesis titulada Escribir en la posguerra: La novela neopicaresca en la literatura europea (1942-1963). Ha traducido al español el libro de poemas Lovescene, Limousine and Company, de Damon Ferguson, publicado en Nueva York en 2002.
Después de colaborar como guionista, asistente de dirección
y directora artística en varias películas, dirigió el corto Tarde de homenaje, ganador de los premios
a la mejor película, mejor guión y mejor producción en el CUPDC Film Festival
de Nueva York 2002. Durante los últimos años sus trabajos sobre cine, lenguaje
y literatura han aparecido en distintas publicaciones especializadas. Sueños
itinerantes es su primera novela, de la que la editorial Seix Barral tiene
los derechos para la lengua española.
Háblenos de Sueños itinerantes...
Su padre le echó las
cartas del tarot y predijo que sería escritora. Sin embargo, se decide por la
ingeniería aeronáutica. ¿Incredulidad o cabezonería? Ninguna de ambas cosas. Yo
siempre he querido ser escritora, el motivo infantil era que me entusiasmaban
los cuentos, y yo quería escribirlos para los demás. Con ese deseo he permanecido
desde entonces, y nunca sentí que mi facilidad para las ciencias fuera un
menoscabo para mi vocación artística, antes al contrario: no concibo a un
escritor al que no le interese la ciencia, aunque sólo sea como discurso
lingüístico. A mí siempre me gustó la tecnología y el conocimiento
científico, y de ahí mi primera elección de carrera universitaria. Por
desgracia, de lo que no disponemos las personas es de tiempo suficiente que
colme nuestra curiosidad intelectual, y de ello me di cuenta pronto, en mis
primeros años de ingeniería. Decidí que era el momento de priorizar, y me
decanté por la Filología y la Literatura Comparada, simplemente para aprender a
leer y a escribir (aunque suene muy simple, en ningún modo lo es). Ahora que ya
soy doctora en literatura y que lo que escribo es legible y publicable, he
regresado a mis estudios de ciencias, los cuales, ahora sí, me forman y
completan como autora. No soy impaciente, lo que sí
soy es perfeccionista. Eso no significa que lo que pueda llegar a dar por
válido sea perfecto en sí, sino que al menos es exactamente lo que yo quería
conseguir. Probablemente saque a la luz la próxima obra antes de un
lustro, pero no porque me esté llevando menos tiempo, sino porque ya la gesté
años atrás, mientras escribía Sueños itinerantes. Afortunadamente llevo
años produciendo sin interrupción, hasta tal punto que la escritura es mi forma
de vida, un sumidero de percepción y replanteamiento de la realidad. De modo
que tengo varias obras en marcha en las que he invertido ya mucho esfuerzo. Los signos tienen
una gran importancia en la obra. Siempre explico que los signos
en esta obra no son un manifiesto expresivo. En toda obra literaria se debe dar
una confluencia de motivos que justifiquen una elección estilística, y en el
caso de Sueños itinerantes, la coherencia con la voz interna del
personaje coincidió con la mezcla de discursos gráficos con los que nos
enfrentamos los lectores actuales. De modo que, por un lado, como novelista, me
sentía en la obligación de ser testigo de la diversidad de formas gráficas con
las que nos expresamos –los SMS, el lenguaje urgente de la publicidad, las
anotaciones apresuradas con las que amarramos las ideas fugaces-; y por otro,
como “transcriptora” de la mente de Teo, tenía necesariamente que ceñirme a los
referentes mentales que al pensar “ve” un hombre joven con formación científica.
Para que se entienda esto, pongo un ejemplo muy sencillo: que quien lea esta
entrevista se pregunte “qué ve” cuando se imagina el número “1”: si lo que su
mente “ve” es un número –1- o una sucesión de fonemas “u-n-o”. Por otro lado,
mi intención era que Sueños itinerantes situase al lector en una
posición de lectura distinta, que reforzara el reto narrativo de convertirle a
él en participante activo de la lectura, en la voz individual y única que se
recontase la historia que estaba leyendo. Y para lograr este objetivo, los
signos eran una herramienta muy útil. En una entrevista afirma
que hay que reinventar el lenguaje. ¿Que quiere decir ? Me refiero a la necesidad de
que los autores comprendan los nuevos mecanismos que rigen el lenguaje. El lenguaje
es el síntoma de los procesos que nos
acontecen, y nuestro vehículo de comprensión de la identidad. Formulamos el
pensamiento por medio del lenguaje, y la literatura es la forma artística que
más se ciñe al pensamiento, puesto que el material que la conforma sólo es
la palabra. Así que los que escribimos tenemos la responsabilidad de observar
atentamente el lenguaje desde la distancia y con expectativa de futuro, para no
caer en la ingenuidad de dar por válido sólo lo heredado de la tradición. Es cierto que de una
acusada «crisis de lectura de novelas» nació Sueños itinerantes? Así es. Me di cuenta de
que la mayoría de las novelas comenzaban igual, continuaban de la
misma forma, acababan de manera insoportablemente predecible. Lo peor,
desde el punto de vista estético, es el agotamiento de la voz narrativa, y es
un hecho que la voz narrativa que predomina aún hoy (la heredera de la novela
decimonónica, o novela burguesa o de sofá, como dice Eduardo Mendoza) está
acabada. Lleva acabada desde hace 100 años, parece mentira que todo el esfuerzo
expresivo de las vanguardias, por ejemplo, haya caído en saco roto por tan
largo tiempo. A mí me da pudor ojear las páginas de muchas novelas que todavía
siguen contando con el aplauso de los jurados literarios. Esas novelas no
pueden retener mis ojos de lectora. ¿Su novela contiene
tintes biográficos? Sí, por obvios motivos:
cualquier producción artística se impulsa en la biografía. A Teo le he prestado
mis sentidos y mi mecanismos asociativos de pensamiento. No
obstante, cuando algo se pone por escrito, se inventa. Desde el punto de
vista argumental, no es posible encontrar correspondencias con mi biografía, la
trama es fruto de una imaginación sujeta a sus reglas estéticas.
¿Podría citarme algún
libro que la haya conmovido especialmente? To the Lighthouse (Al faro), de Virginia Woolf. Pilota
aviones, colabora como guionista, asistente de dirección, directora artística
en varias películas y dirigió el corto Tarde de homenaje, ganador de los
premios a la mejor película, mejor guión y mejor producción en el CUPDC Film
Festival de Nueva York 2002. ¿Le queda tiempo libre? ¡Claro! Si no tuviera tiempo
libre, no podría inventar. Lo que ocurre es que lo que hago es necesario para
mí. Por fortuna, ya estoy en disposición de poder vivir trabajando, porque mi
trabajo es la única forma en la que mi vida me merece la pena. ¿Resulta más
fácil escribir guiones? Probablemente sí, pero es
mucho más aburrido. Lo que me gusta del cine es dirigir y montar, que es cuando
de verdad fluye la creatividad, y aprendes. Para mí escribir un
guión, aunque requiere grandes planteamientos y las elecciones pueden ser
determinantes, es la retención apresurada de una historia que más adelante
tendrás que desarrollar. Además de buena
música.¿Que necesita Irene Zoe Alameda para inspirarse ? Personas libres con las que
convivir, que se encuentren plenas con su existencia, y se comporten desde una
identidad construida y asumida. No hay mayor gozo ni inspiración que la
comunicación que se da en la amistad. A veces, esa comunicación la brindan los
autores de algunos libros, y entonces tiene lugar un milagro, que es el del
diálogo entre dos voces, la del libro y la mía, que lo lee, separadas por el
tiempo, pero unidas por el espacio común de la literatura. ¿Qué proyectos tienes en la actualidad?
Voy a filmar un cortometraje. Y sigo adelante con mi siguiente novela.
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Alaska, Arquitectura Efímera y Transgresoras [ Leer + ]
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