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2ª Parte
Realizado por Laura Revuelta

 

Suerte cambiante

 

 

De Veracruz salió Lilí, 48 años, residente en Aguascalientes, el centro geográfico del país, y dicen que uno de los lugares más profundamente católicos de todo México. Su vivienda, de lo que aquí llamaríamos protección oficial, la comparten ella, su marido, sus dos hijos, y dos perros que pasan muchas horas en el pequeño patio trasero. Desde que dejó su pueblo natal, igual que todos sus hermanos, Lilí ha pasado por varios lugares y estados hasta asentarse en esta condición de clase obrera en una de las ciudades más desarrolladas de México. El salario muy escaso de Javier, su marido, mantiene a toda la familia, ya que Lilí dejó su profesión, ortodoncista, para dedicarse a su familia, y ahora debe administrar férreamente los ingresos que aporta su marido.

 

Lilí también abandonó el limbo religioso en el que creció y se mantuvo en los años de juventud, un “agnosticismo creyente” particular heredado de la región selvática en la que creció. Desde que conoció a su marido, sin embargo, se transformó en una conversa típica, y ya nunca falta a sus deberes y prácticas religiosas diarias. Hoy su hermana Patricia viene a traerle la cena de Nochebuena, consistente en pierna de cerdo al achiote[1], y espaguetis. Desde hace años es un hecho que Lilí recibe la generosidad de su hermana sin que ninguna de las dos lo comenten, ya que si lo hicieran, dejaría de ser posible. Todo el mundo tiene su orgullo. Lo cierto es que la trayectoria de ambas es muy dispar, casi parece imposible que salieran de la misma infancia sin zapatos en Las Choapas, Veracruz. Patricia ocupaba hasta hace muy poco un alto cargo en el departamento de Hacienda del estado, pero sus años de trabajo honrado para luchar contra la corrupción no le han valido de nada. Cuando ha llegado el cambio de Gobernador, la han substituido por un joven al que le prometieron el puesto a cambio de algún apoyo, sin más contemplaciones. Aún así, Patricia tiene más posibilidades que su hermana de encontrar otro trabajo de igual categoría y por lo tanto sus perspectivas son mejores.

 

Gracias A Dios

 

Los 300 habitantes escasos del pueblecito de Gracias A Dios, cercano a Aguascalientes, viven al ritmo pausado que marca el riachuelo que pasa por la población. Allí, el silencio sólo se rompe por el mugido de alguna vaca, o por el ruido de las hojas de los álamos cuando sopla el viento. En medio de esa paz que se puede sentir como una presencia, la hospitalidad humilde de Don Toño y su familia conmueve profundamente. Entramos en su casa sin puertas y nos obsequian con tortillas de maíz hechas a mano por la señora de la casa, que realiza todo el proceso de elaboración sin ayuda, desde recoger las mazorcas, secarlas al sol, molerlas, amasarlas con paciencia y cariño, y cocerlas. En su casa, como en todas las del pueblo, la comida es sencilla, pero nunca falta, las exigencias son mínimas y la vida simplemente pasa. Quizás por eso se llama el lugar Gracias A Dios.

 

 

[1] Una especie de adobo

 

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