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2ª
Parte
Suerte cambiante
Lilí también abandonó el limbo religioso en el que creció y se mantuvo en los años de juventud, un “agnosticismo creyente” particular heredado de la región selvática en la que creció. Desde que conoció a su marido, sin embargo, se transformó en una conversa típica, y ya nunca falta a sus deberes y prácticas religiosas diarias. Hoy su hermana Patricia viene a traerle la cena de Nochebuena, consistente en pierna de cerdo al achiote[1], y espaguetis. Desde hace años es un hecho que Lilí recibe la generosidad de su hermana sin que ninguna de las dos lo comenten, ya que si lo hicieran, dejaría de ser posible. Todo el mundo tiene su orgullo. Lo cierto es que la trayectoria de ambas es muy dispar, casi parece imposible que salieran de la misma infancia sin zapatos en Las Choapas, Veracruz. Patricia ocupaba hasta hace muy poco un alto cargo en el departamento de Hacienda del estado, pero sus años de trabajo honrado para luchar contra la corrupción no le han valido de nada. Cuando ha llegado el cambio de Gobernador, la han substituido por un joven al que le prometieron el puesto a cambio de algún apoyo, sin más contemplaciones. Aún así, Patricia tiene más posibilidades que su hermana de encontrar otro trabajo de igual categoría y por lo tanto sus perspectivas son mejores.
Gracias A Dios
Los 300 habitantes escasos del pueblecito de Gracias A Dios, cercano a Aguascalientes, viven al ritmo pausado que marca el riachuelo que pasa por la población. Allí, el silencio sólo se rompe por el mugido de alguna vaca, o por el ruido de las hojas de los álamos cuando sopla el viento. En medio de esa paz que se puede sentir como una presencia, la hospitalidad humilde de Don Toño y su familia conmueve profundamente. Entramos en su casa sin puertas y nos obsequian con tortillas de maíz hechas a mano por la señora de la casa, que realiza todo el proceso de elaboración sin ayuda, desde recoger las mazorcas, secarlas al sol, molerlas, amasarlas con paciencia y cariño, y cocerlas. En su casa, como en todas las del pueblo, la comida es sencilla, pero nunca falta, las exigencias son mínimas y la vida simplemente pasa. Quizás por eso se llama el lugar Gracias A Dios.
[1] Una especie de adobo
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